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MUBI pagó caro su apuesta por el capital de riesgo y perdió suscriptores

Había algo casi perfecto en el ascenso de MUBI. La plataforma fundada por el emprendedor turco Efe Cakarel había logrado lo que pocas compañías de streaming pueden darse el lujo de presumir: no solo tenía suscriptores, tenía devotos. 

Cinéfilos que coleccionaban su bolsa de tela azul como una seña de identidad (al estilo libro de Lacan beige en la Calle Corrientes hace 40 años), que defendían sus elecciones editoriales con la misma convicción con la que discutían a Godard o a Fassbinder. 

En 2024, la apuesta por The Substance, de Coralie Fargeat, la convirtió en la primera película de MUBI en llegar a los Oscar como candidata al premio mayor. La empresa tenía viento a favor, 1,44 millones de suscriptores hacia la primavera de 2025, y un objetivo declarado: llegar a los 2 millones antes de fin de año.



No llegó. Terminó con 1,2 millones, menos de los que tenía cuando empezó. La explicación no tiene que ver con el catálogo ni con la competencia. Tiene que ver con el dinero y con Israel.

La hipster tote bag de Mubi
La hipster tote bag de Mubi

El inversor incómodo

En noviembre de 2024, Sequoia Capital inyectó US$ 100 millones en MUBI, valorando la compañía en 1.000 millones. Era el tipo de legitimación que cualquier startup busca: el sello de la firma de venture capital más célebre de Silicon Valley, la misma que respaldó a Apple, Google y Airbnb en sus inicios. Para Cakarel, el dinero significaba capacidad de compra en festivales y más presencia en salas. Para buena parte de su público, significaba otra cosa.



Una publicación de Instagram señaló que Sequoia también había invertido en Kela, una startup israelí de tecnología militar, y sugirió que MUBI era cómplice en lo que describía como un genocidio del pueblo palestino. La chispa era pequeña, pero el combustible estaba listo.

Lo que siguió fue una crisis en cámara lenta. La mitad del staff de MUBI, unos 200 de sus 400 empleados, firmó una carta abierta exigiendo que la empresa devolviera la inversión y se distanciara de Sequoia.  MUBI aclaró que Sequoia era solo un inversor minoritario sin injerencia editorial ni financiera, y anunció una nueva Política de Financiamiento e Inversión Ética para regir futuros acuerdos.

No alcanzó. El daño se extendía hacia afuera. El LA Festival of Movies retiró a MUBI como sponsor presentador. Un MUBI Fest planificado en Ciudad de México fue cancelado. Un grupo de cineastas firmó su propia carta exigiendo el corte de lazos con Sequoia. Y los realizadores de No Other Land, el documental palestino-israelí ganador del Oscar, rechazaron una oferta de distribución de la plataforma y prefirieron quedarse directamente sin distribuidor antes que asociar su película con MUBI.



Los números de un año perdido

El WSJ reportó que MUBI terminó 2025 con una pérdida de US$ 7,3 millones sobre ingresos de 200 millones. Pero el dato más duro llega del último tramo del año: la compañía registró un flujo de caja negativo de US$ 65 millones en el cuarto trimestre. En ese contexto, en noviembre ofreció tres meses de salario a cualquier empleado que quisiera renunciar, una docena aceptó, y luego despidió a unos cuantos más.

La crisis financiera tuvo también un componente editorial. MUBI pagó US$ 24 millones por Die, My Love, de Lynne Ramsay (basada en la novela de la argentina Ariana Harwicz), en el Festival de Cannes. La película recaudó apenas 12 millones en taquilla global. Para una empresa que había construido su reputación precisamente en saber elegir, la bomba de taquilla fue un golpe adicional a la credibilidad.

Matate, amor.
Matate, amor.



Cakarel no intentó minimizar el cuadro. «Perder suscriptores y ver cómo el crecimiento se frenaba fue muy real», dijo al WSJ. Pero defendió la decisión de quedarse con Sequoia, argumentando que esa inversión le permite seguir apostando por el cine ambicioso.

Hay algo hipócrita en el mecanismo de esta crisis. A diferencia de A24, que recibió fondos de Thrive Capital , firma de Josh Kushner con sus propios vínculos con Israel, sin despertar nada parecido a este nivel de rechazo, MUBI construyó deliberadamente su marca en torno a un público cinéfilo, educado y políticamente comprometido. El mismo grupo que se sintió interpelado por los documentales de denuncia y el cine de autor progre que la plataforma promovía resultó ser, con bastante coherencia propia, el que más exigió una posición sobre Palestina. MUBI fue víctima, en cierta forma, de su propio éxito como marca de valores.

El comienzo de 2026 fue mejor. MUBI llegó a un récord de 1,7 millones de suscriptores al cierre del primer trimestre, impulsada en parte por ser distribuidora internacional de cuatro de las cinco nominadas al Oscar a Mejor Película Internacional, incluyendo la ganadora Valor Sentimental. Esta semana anunció además una alianza con el fondo europeo IPR.VC para financiar cine del continente, y llega a Cannes el mes próximo con seis películas, entre ellas el nuevo trabajo de Paweł Pawlikowski y la más reciente de Jane Schoenbrun.



Efe Cakarel sonríe, como todo buen CEO.
Efe Cakarel sonríe, como todo buen CEO.

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