La Academia cambia las reglas del Oscar: más apariencia que sustancia
El viernes 2 de mayo, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (AMPAS) aprobó el conjunto de reglas y estándares de elegibilidad para la 99° entrega de los premios Oscar, programada para el 14 de marzo de 2027. Las modificaciones, presentadas como las más significativas en casi un siglo de historia de los premios, afectan tres frentes simultáneos: las categorías de actuación, la película internacional y el uso de la inteligencia artificial. Sin embargo, una mirada más atenta revela que no todos los cambios son igualmente sustanciales.
El fin de la exclusividad en actuación: ¿reforma histórica o gesto cosmético?
La modificación más comentada es, paradójicamente, la que menos impacto práctico tendrá. A partir de esta edición, los actores podrán recibir más de una nominación en la misma categoría, Actor o Actriz principal o de reparto, si acumulan suficientes votos para ubicarse entre las cinco más votadas. La AMPAS encuadra el cambio como una alineación con el resto de las categorías del certamen, donde la acumulación de nominaciones por un mismo profesional ya era posible.
La medida tiene un antecedente histórico casi anecdótico: en la 17° edición, en 1945, el actor Barry Fitzgerald fue nominado tanto a Mejor Actor como a Mejor Actor de Reparto por su trabajo en Going My Way, el mismo papel en ambas categorías. La Academia corrigió esa anomalía de inmediato y desde entonces la regla fue de una nominación por película y por categoría. Hasta ahora.
Pero el crítico David Poland, en su newsletter The Hot Button, fue uno de los primeros en señalar la trampa de la nueva regla: la historia de los Oscar registra apenas doce casos en los que un intérprete fue nominado en la misma temporada en las categorías de protagonismo y de reparto. De esos doce, siete se llevaron algún Oscar. Sin embargo, ningún análisis histórico sugiere que dividir los votos entre dos actuaciones de un mismo actor en la misma categoría favorezca las chances de ganar. En los Oscar, donde el voto se fragmenta por consenso, la división es casi siempre sinónimo de derrota.
Preston Sturges fue nominado dos veces en el mismo año por su guion y salió con las manos vacías. Oliver Stone perdió ambas nominaciones en 1987 por Salvador y Platoon. Y Soderbergh, que ganó el Oscar a Mejor Director en 2001 por Traffic, estaba nominado también por Erin Brockovich, siendo el único caso reciente de doble nominación en esa categoría. Es más la excepción que confirma la regla que algo que se dé usualmente.
La pregunta que nadie en la Academia parece dispuesto a responder es quién pidió este cambio, y para qué. Poland sostiene, con razón, que la nueva norma complica la estrategia de las campañas sin resolver ningún problema real. La figura del cambio de categoría , que consiste en postular a un actor principal en la categoría de reparto para esquivar competencia más dura, sigue siendo perfectamente posible bajo el nuevo esquema. Nada ha cambiado.

La reforma que sí importa: el cine internacional se libera de la política
Donde el cambio es genuinamente sustancial es en la categoría de Mejor Película Internacional. Durante décadas, el sistema funcionó bajo una lógica anacrónica: cada país enviaba un único film como representante oficial, a través de comités de selección designados por sus respectivos organismos culturales. En Argentina, antes de la creacion de la Academia de Cine, se resolvía por votacion de las entidades de la industria. El resultado era, con frecuencia, que el criterio artístico quedaba subordinado a consideraciones geopolíticas, editoriales o directamente caprichosas.
El caso más emblemático y reciente fue el de Anatomía de una Caída (Anatomie d’une chute, 2023), de la directora francesa Justine Triet. La película ganó la Palma de Oro en Cannes, pero Francia decidió no enviarla como su representante oficial. El comité prefirió El Sabor de la Vida (La Passion de Dodin Bouffant), que ni siquiera logró una nominación. Anatomía de una Caída, sin embargo, encontró otro camino: compitió bajo una vía alternativa, acumuló cinco nominaciones al Oscar, incluyendo Mejor Película y ganó el de Guion Original.
La nueva regla elimina ese filtro como única vía de acceso. De ahora en adelante, una película de habla no inglesa podrá participar de dos formas: a través de la representación oficial del país, o ganando el premio máximo en alguno de seis festivales reconocidos por la Academia. La lista de festivales habilitados incluye el Oso de Oro de Berlín, la Palma de Oro de Cannes, el León de Oro de Venecia, el Premio del Jurado Mundial de Sundance, la Busan Award del Festival de Busan y el Platform Award del Festival de Toronto.
Las consecuencias prácticas de este cambio son inmediatas. Yellow Letters (Gelbe Briefe), del director alemán de origen turco İlker Çatak, ganadora del Oso de Oro en Berlín 2026, podrá competir independientemente de que Alemania o Turquía decidan postularla. Lo mismo aplica para Shame and Money, del director kosovar Visar Morina, coproducción que abarca seis países, ganadora del Premio del Jurado Mundial en Sundance. Y, quizás más simbólicamente, el cambio beneficia a cineastas cuya relación con sus propios gobiernos es directamente conflictiva. El iraní Jafar Panahi, ganador de la Palma de Oro en 2025 con Un Simple Accidente, difícilmente hubiera recibido el aval de Teherán para representar al país. Ahora no lo necesita.
La reforma también resuelve otro problema largo tiempo ignorado: el crédito del premio. Históricamente, el Oscar a Mejor Película Internacional era técnicamente para el país, no para el film ni para quien lo dirigió. A partir de ahora, la película será la nominada, no el país, y el nombre del director figurará en la placa de la estatuilla.
La inteligencia artificial: bye bye bye
El tercer eje de las reformas aborda la inteligencia artificial, y acá la Academia fue explícita: solo serán elegibles en las categorías de actuación los roles «demostrablemente interpretados por humanos con su consentimiento». En las categorías de guion, deben ser «de autoría humana». La Academia se reserva además el derecho de auditar la información técnica de cualquier producción para verificar el cumplimiento de estas condiciones.
El comunicado no menciona nombres, pero el contexto lo dice todo. Tilly Norwood es una «actriz» generada íntegramente por inteligencia artificial, creada por la empresa Particle6, que en marzo de este año llegó a publicar en Instagram que esperaba «ir a los Oscar». La Academia cerró esa puerta con claridad.
La disposición es coherente con la posición histórica de la institución respecto de las nuevas tecnologías. La Academia ha argumentado que sus reglas siempre evolucionaron junto con los avances técnicos como el sonido, el color, los efectos visuales digitales, y que la IA no es diferente. La distinción ahora es entre el uso de la inteligencia artificial como herramienta de producción, que no está prohibida, y su reemplazo de la actuación o la escritura humanas, que sí lo está.
El impacto más inmediato es simbólico pero no irrelevante: la industria entera observa cómo la Academia traza la línea. Los sindicatos de actores y escritores como SAG-AFTRA y WGA, que en 2023 protagonizaron huelgas históricas precisamente por los derechos frente a la IA, recibieron el anuncio con satisfacción.
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