Qué ver en streaming: quiniela clandestina, Michael Jackson y una joya noruega premiada en Berlín
Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.
Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, Prime Video, HBO Max, Apple TV y cines.
1. Película para ver en el cine: Sueños en Oslo
Este film de 2024 constituye la segunda entrega de la ambiciosa trilogía del director noruego Dag Johan Haugerud, situada entre Sex y Love, ya estrenadas en nuestro país. Las películas pueden verse de manera autónoma, y Sueños en Oslo se afirma como un estudio muy sugestivo sobre la identidad y el despertar emocional. Tras el éxito de Sex, Haugerud desplaza su mirada hacia la adolescencia, centrándose en Johanne, una joven de 17 años cuya vida se ve sacudida por intensos sentimientos hacia su profesora. Lejos de incurrir en un melodrama gratuito, el relato se despliega como un delicado entramado de silencios, miradas y una búsqueda honesta de la verdad personal, en una Oslo que parece respirar al compás de sus protagonistas.
El film trata una temática políticamente incorrecta como lo es el deseo adolescente hacia los adultos, deseo que el guion no retrata como un capricho hormonal, sino como una fuerza transformadora y, a menudo, desconcertante. Haugerud captura con cierta sensibilidad ese «lugar del deseo» donde la atracción se mezcla con la admiración intelectual. La película evita juicios morales simplistas para explorar cómo el anhelo de lo prohibido o lo inalcanzable moldea la psique juvenil, convirtiendo la curiosidad de Johanne en un catalizador para cuestionar las estructuras sociales y personales que la rodean.
Las dinámicas familiares constituyen el núcleo emocional del filme, con especial énfasis en la relación entre madre e hija, marcada por una combinación de protección, distancia generacional y, quizá, intereses económicos de la madre en los frutos de la vinculación entre la joven y su profesora. La madre intenta timonear el crecimiento de Johanne con una apertura que a veces roza la torpeza, reflejando el temor a perder la conexión.
Este vínculo se enriquece con la presencia de la abuela, que establece con la nieta una relación que funciona como puente histórico. La abuela encarna una sabiduría más sosegada y empática, ofreciendo un refugio donde Johanne puede ser ella misma sin la presión de las expectativas parentales inmediatas, aunque también podría albergar sentimientos de envidia ante los logros literarios de la muchacha y su posterior repercusión.
El eje central de la tensión narrativa reside en la compleja relación profesora-alumna. Haugerud maneja este vínculo con una elegancia admirable, centrándose en el impacto que la docente tiene como modelo de vida y objeto de afecto. No hay una explotación de la vulnerabilidad, sino un examen de los límites profesionales frente a la intensidad del primer amor. Esta interacción sirve para que Johanne entienda que el deseo no solo tiene que ver con el «otro», sino con el descubrimiento de su propia capacidad de sentir y de habitar el mundo desde una nueva conciencia.
Como parte de una trilogía que explora la sexualidad y las relaciones humanas en la Noruega contemporánea, Sueños en Oslo ganó el Oso de Oro en el Festival de Berlín. Manejando diestramente ciertos niveles de ambigüedad, es un film que plantea más preguntas que respuestas y se atreve a indagar en zonas en donde la pionera Buenos días, tristeza (Otto Preminger, 1958) se veía imposibilitada de poner en imágenes.
Recomendada.
2. Serie para ver en Apple TV: Palm Royale
La segunda temporada de Palm Royale se activa a partir de una cláusula del fideicomiso Dellacorte que exige un nacimiento legítimo para liberar la herencia, condición que desata una cadena de intrigas y reposiciona a todos los personajes. Maxine, tras el escándalo final de la temporada anterior, pierde su lugar en la élite y queda al borde del colapso social e incluso institucional, pero responde con una estrategia feroz para recuperar estatus dentro del exclusivo club. A su alrededor, viejas figuras de poder regresan o se reconfiguran, en especial Norma/Agnes, que vuelve como una araña en el centro de su red, mientras la lucha por la fortuna organiza el conflicto principal.
Entre las novedades, la serie adopta un tono más seguro y autoconsciente, inclinándose con decisión hacia la mezcla de sátira social, melodrama y un absurdo deliberado. El ritmo se acelera y la narración se vuelve más recargada: proliferan las subtramas, los giros inesperados y los recursos extremos como hermanas gemelas, reglas hereditarias enrevesadas o situaciones extravagantes que bordean lo surreal. Números musicales espectaculares, episodios de internación y elementos casi fantásticos conviven con la crítica al poder y la pertenencia, en una dinámica que por momentos resulta estimulante y por otros excesiva, como si la ambición narrativa desbordara su propia estructura.
El despliegue visual sigue siendo uno de los grandes atractivos: la ambientación en el Palm Beach de fines de los sesenta brilla con una opulencia casi táctil. Mansiones luminosas, fiestas desbordantes, piscinas impecables y salones donde circulan secretos componen un universo donde cada objeto parece cuidadosamente coreografiado. El vestuario, fiel a la época, despliega una imaginación deslumbrante y de un colorido impensable para los estándares actuales, trajes impecables y una paleta que combina el glamour con cierta artificialidad, reforzando la idea de que ese mundo reluce tanto como oculta fisuras bajo la superficie.
En cuanto a las actuaciones, Kristen Wiig sostiene el cetro con una interpretación más compleja que en la primera temporada: su Maxine sigue siendo calculadora y ambiciosa, pero ahora deja ver el desgaste, la fragilidad detrás del brillo. Allison Janney aporta solidez y filo como Evelyn, mientras que la legendaria Carol Burnett imprime autoridad y astucia en su regreso como Norma/Agnes. El elenco se completa con presencias como Laura Dern y Leslie Bibb, que enriquecen las tensiones entre linaje, ambición y pertenencia. Ricky Martin deslumbra en los números musicales. Si bien el conjunto envuelve en seda un delirio extravagante, como pasatiempo sigue funcionando muy bien.
Recomendada.
3. Película para ver en Prime Video: Square One: Michael Jackson
Dirigido por Danny Wu, este documental revisita las acusaciones de abuso sexual contra Michael Jackson poniendo el foco en el caso de Jordan Chandler, el primero en salir a la luz en los años noventa. El documental reconstruye la denuncia presentada por la familia Chandler, que buscaba una compensación millonaria, y propone una hipótesis alternativa: que el padre del menor habría orquestado la acusación en el marco de un conflicto por la custodia, con la intención de extorsionar al cantante. A partir de esa premisa, la película no solo revisa ese episodio inicial, sino que lo presenta como punto de partida de una cadena de denuncias posteriores, en un contexto mediático que habría amplificado y condicionado la percepción pública del caso.
Una de las principales fortalezas del film radica en su voluntad de construir un contra relato frente a documentales como Leaving Neverland. Wu apoya su argumentación en entrevistas con testigos cercanos al entorno de Jackson, incluidos familiares, ex empleados y personas que frecuentaron Neverland en la época de los hechos, además de materiales documentales como transcripciones legales que sugieren inconsistencias en la versión de los Chandler. El dispositivo es claro: acumular testimonios y datos para cuestionar la veracidad de las acusaciones y plantear dudas sobre las motivaciones económicas y personales detrás de ellas. En ese sentido, el documental resulta eficaz al ordenar información dispersa y ofrecer una narrativa coherente para quienes buscan una lectura alternativa del caso.
Sin embargo, esa misma claridad expositiva es también una de sus debilidades. Aunque el film se presenta como un ejercicio objetivo que «deja hablar a los hechos», su selección de fuentes y su construcción narrativa tienden a inclinarse de manera evidente hacia la defensa de Jackson. La ausencia de voces que sostengan la acusación, así como la falta de participación directa de Jordan Chandler, generan un desequilibrio que limita la complejidad del análisis. Más que un espacio de indagación abierta, el documental funciona en muchos momentos como una pieza argumentativa que busca desmontar una versión previa más que explorar el problema en toda su ambigüedad.
Otro aspecto discutible es su tratamiento del contexto mediático y judicial. El documental señala con acierto el rol de los medios en la construcción de un «juicio público» que precede o incluso sustituye al judicial, anticipando dinámicas contemporáneas de espectacularización. No obstante, al extender esa lógica a la mayoría de las acusaciones posteriores, corre el riesgo de simplificar un entramado mucho más complejo, donde conviven intereses económicos, dinámicas de poder y experiencias personales difíciles de reducir a una única explicación conspirativa.
En definitiva, se trata de un documental sólido en su estructura y convincente en su capacidad de articular un relato alternativo, pero limitado en su alcance crítico. Funciona mejor como pieza de intervención dentro de un debate ya polarizado que como investigación definitiva. Como un alegato bien armado, ilumina zonas poco exploradas, pero también deja otras en penumbra, recordando que en este tipo de historias la verdad rara vez se presenta como un bloque compacto, sino como un terreno fragmentado donde cada versión construye su propio centro de gravedad.
Recomendada.
4. Serie para ver en Netflix: 30 Rock
Esta maravillosa comedia -y sus 7 temporadas (2006-2013)- regresa a las plataformas para dejar un tendal de risas con recursos más que honestos. El argumento se funda en el detrás de escena de un programa televisivo ficticio, TGS with Tracy Jordan, y sigue a Liz Lemon, su guionista principal, mientras intenta mantener a flote el show entre egos desbordados, decisiones corporativas absurdas y un caos creativo permanente. La llegada del ejecutivo Jack Donaghy, enviado por la cadena NBC para «optimizar» el programa, introduce una dinámica central donde el arte y el negocio chocan con una comicidad feroz. El argumento avanza más por acumulación de situaciones disparatadas que por una trama lineal, capturando la lógica fragmentada del mundo televisivo.
Creada por la brillante Tina Fey, quien se inspiró en su experiencia como guionista en Saturday Night Live, la serie combina sátira industrial, humor autorreferencial y un ritmo de chistes por minuto casi vertiginoso. Fey construye un universo donde la televisión se observa a sí misma con ironía constante, desnudando las tensiones entre creatividad, mercado y celebridad. La escritura se caracteriza por su densidad cómica, repleta de referencias culturales, juegos de palabras y rupturas del realismo que rozan lo absurdo sin perder anclaje en la crítica institucional.
El elenco es fundamental para sostener ese equilibrio. Tina Fey compone a Liz Lemon como una figura neurótica y vulnerable, atravesada por contradicciones entre su vida profesional y personal. Alec Baldwin, como Jack Donaghy, encarna con precisión quirúrgica al ejecutivo corporativo, combinando cinismo y carisma. Tracy Morgan y Jane Krakowski, como Tracy Jordan y Jenna Maroney, funcionan como fuerzas caóticas que llevan al límite la lógica del espectáculo, mientras que Jack McBrayer y Judah Friedlander aportan matices cómicos desde los márgenes del equipo. Cada personaje es casi una caricatura, pero sostenida por una coherencia interna que potencia el humor.
A lo largo de sus siete temporadas, 30 Rock se consolidó como una de las comedias más premiadas de su tiempo. Ganó múltiples premios Emmy, incluyendo Mejor Serie de Comedia en varias ocasiones, además de Globos de Oro y reconocimientos del Sindicato de Actores. Tina Fey y Alec Baldwin fueron especialmente destacados por sus interpretaciones, convirtiéndose en figuras emblemáticas de la televisión estadounidense. Este reconocimiento refleja tanto la calidad de la escritura como la precisión del ensamble actoral. El ritmo frenético hace que el tedio no sea una opción.
Imperdible.
5. Película para ver en HBO Max: Algo viejo, algo nuevo, algo prestado
Esta película nacional de Hernán Rosselli, se instala desde su propio título en una lógica de herencias cruzadas: lo recibido, lo incorporado y lo apropiado. La película sigue a Maribel, quien tras la muerte de su padre se integra junto a su madre en la administración de una red de apuestas clandestinas en el conurbano bonaerense. Sin embargo, ese punto de partida narrativo funciona más como anclaje que como centro: el verdadero movimiento del film no está en la progresión de la trama criminal, sino en la excavación de una memoria familiar que se revela fragmentaria, intervenida y, sobre todo, inestable.
Rosselli construye su dispositivo a partir de una hibridación radical entre documental y ficción. Los registros domésticos reales de la familia Felpeto se entrelazan con escenas guionadas donde esos mismos sujetos encarnan versiones ficcionales de sí mismos como miembros de un clan delictivo. A esto se suman imágenes de cámaras de seguridad, archivos digitales y fotografías que amplían el espectro visual. El resultado no es un simple juego de contrastes, sino una zona porosa donde cada imagen parece estar «contaminada» por otra. Lo íntimo se vuelve sospechoso; lo ficcional adquiere densidad documental. El espectador queda atrapado en ese vaivén, obligado a leer cada plano como si escondiera una doble inscripción.
Uno de los rasgos más potentes del film es su descripción del negocio de la quiniela clandestina en el gran Buenos Aires, su evolución desde la década del 80 hasta nuestros días. El guion trabaja con elipsis muy sugestivas y el fuera de campo. Rosselli evita sistemáticamente los momentos de mayor carga dramática, los desplaza o los cubre con otros sonidos, como si la película se negara a ofrecer una verdad plena. Este gesto no es meramente formal: construye una ética de la opacidad que remite tanto a la lógica del secreto familiar como a las dinámicas de la ilegalidad. El silencio, las conversaciones interrumpidas y los huecos narrativos funcionan como síntomas de una historia que no puede decirse del todo. En ese sentido, el film se vuelve menos un relato que un archivo incompleto, atravesado por ausencias.
En paralelo, la dimensión social y política emerge sin subrayados. El mundo de las apuestas clandestinas aparece despojado de cualquier glamour mafioso: no hay épica ni sofisticación, sino una economía precaria que permite apenas una estabilidad relativa en un contexto marcado por crisis recurrentes. La herencia del padre no es solo un negocio, sino una forma de supervivencia que arrastra implicaciones éticas y afectivas. Maribel, en su búsqueda personal, encarna la posibilidad de una fisura en esa continuidad, aunque el film nunca la convierte en una santa. Más bien sugiere que cualquier intento de ruptura está atravesado por capas de historia difíciles de desarmar.
En definitiva, Algo viejo, algo nuevo, algo prestado se afirma como una de las películas más llamativas del cine argentino reciente. Su densidad conceptual y su estructura fragmentaria pueden resultar desafiantes, pero ahí reside también su potencia: en la capacidad de pensar la imagen como un territorio en disputa, donde memoria, ficción y política se entrelazan sin jerarquías claras. Rosselli no busca ordenar el caos, sino hacerlo visible en su forma más inquietante, como un rompecabezas al que siempre le faltan piezas… y cuya incompletud es, precisamente, lo que lo vuelve significativo.
Muy recomendada.
Seguí a El Economista en Google
Agreganos a tus medios preferidos.
+ Agregar



