20/04/2024

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Ganadores del IV Concurso Nacional de Poesía Joven “Rafael Cadenas»

Banesco, Autores Venezolanos, Team Poetero y la Fundación La Poeteca anunciaron el veredicto del IV Concurso Nacional de Poesía Joven “Rafael Cadenas”.

1er premio: «Poema de agua» de Lenny Pinto Suárez

(Los amorosos callan.

El amor es el silencio más fino,

el más tembloroso, el más insoportable.

Jaime Sabines)

Tiene el agua una hendidura, grieta de soles,
y es el paso breve de tu reflejo por sobre su faz.
Encandilada, risueña, se rizan sus ondas
contra las que tu brío hiriente se alzó para herir.

El agua tiene un velo como de almíbar
que espera (¿y qué espera?).

Un sueño muy enarbolado engendra
a la última luz que sobre los cerros resplandece.
Espera nocturna, embelesada
con sazones y diatribas lunares.
¡Qué rubores ostenta su labial capullo
lleno de casto verdor, aguamarina pura,
encrespada con bucles acuosos,
con ondas venusinas y hermanas!

Espera el siseo que revela la venida,
no poco parsimoniosa,
de aquel único querer y su punzada.

Gravedad como de cera tibia es su caer,
fuerza gravitatoria de miembros extendidos,
tan blindados como entregados:
Semeja su causa a la más moribunda cordura
y a la más asolada simula su estera.
No hay en sus ritos más espuma que esta:
so ligereza, so ligereza, so ligereza;
tal es su mantra. No hay en sus gritos llamada.
Su desnudez es de agua cual cera
en una caída lenta. ¡Y tan lenta!

Y como que exhibe, al caer,
como que muestra raíces bajo las faldas.

Busca cubrirte el agua en su quieto celo,
adornarte en ráfagas celosamente.
Su cortina se despliega,
surca éteres, lagunas, abismos, crepúsculos,
su cortina acrisolada se distiende…
pergamino que en ondas florales germina:
fiera petunia, gris crisantemo, alta begonia.
Estalactitas celan tus campos nuestros,
anegan tus pasos, corredor de fuentes selladas,
los que han acaecido sin querer.
Siente ella una constante ráfaga de locura,
una irremisible ola de sentires, todos vastos,
todos tardíos como tempranos, todos inmanentes
a la dote que te baña, que te ciñe.
Traspasada por todos los quebrantos
de la belleza más alta…

En su celo por tu brío solo ella es admirable.

La marea se arremolina a tu suspiro,
tuerce la cintura en un movimiento febril,
casi acomodado a la libertad del viento, casi;
y acompasado por la cadencia de tu verbo
se desploma y transfigura en criatura excelsa
en cuanto viertes una, media, la más frágil palabra.
Pasea lenguas líquidas, sabias, sempiternas,
sin avidez más que la de agradarte en su rito:
Máscara de monjes antiguos ella muestra,
con símbolos degenerados por el tiempo,
con renuevos de almendro nacidos verdemente
en sus bordes, sembrados en sus pliegos,
en las grietas bailarinas de su ropaje.

Fruto nacarado, teñido con tinte de eras,
así se proclama su vientre a tu roce.

He visto tu llegada, yo, solo sustancia lejana,
solo renuencia de lo conocido, he presenciado
la falacia de la distancia en tu norte…
Y tus flancos son dagas de cristal de hielo,
amenaza tu dedo toda realidad.

La ciega tu encanto, o la trastorna tu hueste.

Tu aceite ha ungido sus veredas,
aqueste paladar también moribundo,
de espesa gota ha hecho renacer el buen lago,
de embriaguez ha tornado la saturnina en lucero.
Suave, suave y lenta espesura de olivo
ha surcado la infértil tierra.
Y qué suave, suave y lenta espesura…

El fogón encrespa los dedos y crepita,
crepita el encierro dos veces ensimismado.
El olor dulce de la verdura, del apio, la cebolla,
se combina con lo amargo del sudor de la tierra.
Un ave pía allende y la reciente camada
del dueño pide por pronto alimento.
Pero el agua —frondosa en la tinaja,
fresca y recién traída, virgen, mas ya núbil
por tu causa, por tu causa— guarda su canto,
gira en su espera, danza ella, dentro, danza.
Quien ha visto el girar de su paciencia
ha conocido la estocada de los hombres:
vagando por sus venas, besando el poderío,
la historia de su bonanza, la dura amabilidad
de la servidumbre. El precio de la bondad.

Y yo, fútil sustancia que vagarosa se piensa,
que fría, cálida, duerme y renace, he presenciado
el filo hiriente que huesos pudre, que vidas nace,
que engendra ríos zaheridos, suntuosos, sin retorno.
Ay, mano que trasciende lo vivido…

2do premio: [una mancha] de Jaime Yañez

1.

una mancha

pequeña apenas sobre la pupila

me enseña a no mirar con demasiado

detenimiento

que ya merleau ponty me había dicho

no

que el ojo era

sensible y había que distanciarse

de las ilusiones de su perspectiva

2.

el tratamiento es este

desgajar el ojo

capa

sobre

capa

hasta dar

con una precisión más honda

que reposa bajo tanta superficie

3.

el problema

dice el médico

es que no logro distinguir

los contornos

pero sí las formas

4.

vallejo dice en trilce

tengo fe en que soy

y he visto

menos

(creo)

5.

una mancha

que ve otra

mancha

6.

el problema

dice el médico

es que no recuerdo

un dolor agudo

una presión punzante

seguida por

una bruma

que necesariamente acompaña

este tipo de lesiones

7.

un archivo

intrabajable

de espasmos

8.

no sé qué hacer con tanto

deseo de hacer mío

lo lejano

9.

entre nosotros

la distancia más inmediata

es esa de la mirada

ver

es

tener certeza

del

objeto

10.

el objeto es eso que

resiste

que se escurre

de toda inmediación

que se hace

en la distancia

11.

pudo ser

también

una cura

una serie de gotas

de aplicación sostenida

regular

que poco a poco

debilitaron el ojo

la bruma entonces

es una migraña

recurrente

que anhela no irse

12.

mirar

siempre ha sido

un lenguaje de turbulencias

13.

abrigo aún la esperanza

de un registro más preciso (1)

(1) pero la luz es violenta e ingrávida (rae armantrout)

3er premio: «ékleipsis» de Manuel Gerardi

Un sol ajeno a todo lo que habíamos conocido

hasta entonces,

a todo lo que habíamos sufrido hasta entonces.

Este es el sol que ha descendido

sobre nuestras ciudades

Rodolfo Hinostroza

I

sol negro cenital

cuenca vacía en el entrecejo del cielo

¿tallarás sobre mis ojos tu anillo

de metralla?

¿me dejarás para siempre

una mirada cóncava?

¿honda como las zanjas que cavamos

para entrar todos en esta muerte?

¿insondable como veinte agujeros de bala

en el cuerpo de un niño?

¿abierta únicamente

hacia el pasado?

II

Despierto rodeado de láminas radiantes

un disco de nácar relumbra todo lo dispuesto

en mi encierro

borbotea una claridad cegadora

que pliega cada silueta en una larga sábana blanca

severa como mortaja de metal fundido

tan pesada que apenas logro levantar la vista

y al hacerlo noto que aquel círculo

parece la boca de un fusil

cañón alargado como túnel hacia dónde

ahuecado como mi cráneo poroso

cráneo nicho al que huyen las sombras

del terror de ser acribilladas por semejante luz panóptica

enjambre de la noche atropellándose por anidar

para siempre en mi vigilia

ahora que el relámpago enemigo cruje mi esclerótica

                                                                    y la descascara

dejando solo un rumor de brasas en la espera

pura ansia de presagio por la sal derramada

finalmente me quebranta una simple idea:

despertar es comandar partículas con la retina

pero por más que intento

no recuerdo despertar.

Para más informacion al respecto pueden visitar este link