14/04/2024

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Los siglos tercero y cuarto después de Cristo fueron complicados para el Imperio Romano de occidente. Mientras las tribus bárbaras los asediaban desde el norte, la inflación apareció con fuerza. Según el instituto Mises, donde se enseña la escuela austríaca de economía (sí, la misma de Javier Milei y los bitcoiners), la causa para esa suba de precios habría sido que el imperio financió sus gastos con emisión monetaria, generando una oferta de dinero muy por encima de lo que el mercado demandaba.

Sin embargo, un estudio reciente de numismática reveló que, al contrario, la emisión de monedas no daba abasto para satisfacer lo que se demandaba para el comercio. De hecho, cuando la autoridad las emitía, no esperaba que las mismas fueran usadas en el mercado. La razón por la cual se fabricaban era para «hacer pagos, afirmar su prestigio y su identidad», pero no para que se utilizaran para comerciar. Eso generaba una escasez, dado que la gente sí las utilizaba para hacer transacciones privadas. La respuesta de la sociedad fue la emisión de sus propias monedas privadas, con las mismas unidades de cuenta (Soldis, Denarios, etcétera) pero cuyo respaldo era el compromiso del emisor de redimirlas por productos o servicios. 

Algo similar ocurre en el mundo cripto con las stablecoins. El ecosistema necesita el instrumento para poder transaccionar y ese instrumento debe tener una cierta estabilidad en términos de bienes y servicios. Es por eso que Bitcoin nunca cumplió esa función, a pesar de lo que pudo haber pensado algún iluso. 

  • El problema que se presenta es que, para tener acceso a un dólar «de verdad», es necesario que ese activo sea una deuda en el balance de la Reserva Federal que, mientras no se emita una CBDC (Moneda Digital del Banco Central), llega a la sociedad a través de los bancos comerciales.

Ese es el gran dilema en el mundo de los criptodólares, ser o no ser un banco. La Reserva Federal emitió la semana pasada un comunicado de prensa en el que se expresó en contra de que los bancos los emitan, por considerarlos riesgosos en términos operativos, financieros y normativos. La preocupación no es en vano. Según Chainanalysis, en 2022 se lavaron casi US$ 24.000 millones usando el ecosistema cripto, lo cual representa un incremento de 68% respecto al año anterior.

Para colmo el sistema tradicional no se la hace fácil al mundo de las stablecoins. El Signature Bank, aquel que la mayoría de los proyectos criptos usan para tener su cuenta en Estados Unidos, anunció que sólo les permitiría movimientos de dinero superiores a los US$ 100.000. El mayor perjudicado es tal vez Binance que ya anunció restricciones para sus usuarios. Para colmo, la Reserva Federal de Kansas City, rechazó la solicitud de la empresa custodia que deseaba obtener una «master account» que le permitiría tener acceso directo al sistema federal de pagos. Esto implica que deberá tener una cuenta bancaria para poder operar, con las restricciones comentadas.

El mundo cripto, de todos modos, sigue innovando. Circle, que emite la stablecoin USDC, anunció que está por lanzar el «Cross-Chain Transfer Protocol», un conjunto de API que permitirá transferir ese criptodólar entre distintas blockchains en automático. 

Los USDC de la red de origen serán «quemados» y los de la red de destino serán «emitidos» sin demoras. Es un avance fundamental para poder hacer más eficiente el desarrollo de herramientas cross-chain.

Los reguladores deberán encontrar el mejor equilibrio entre seguridad e innovación. Aquellos países que mejor lo implementen tendrán una ventaja sobre el resto y podrán acceder a los beneficios del mundo Blockchain.



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