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Netflix, Flow, HBO y m�s: 5 estrenos impactantes que no te pod�s perder esta semana

Una selecci�n especial con las mejores series y pel�culas, que incluye tambi�n estrenos en salas de cine.

Estas son las series y pel�culas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, Prime Video y Flow.

1. Miniserie para ver en Netflix: La bestia en m�

Este�thriller psicol�gico de ocho episodios encuentra su principal atractivo en la interpretaci�n de Claire Danes (Homeland), quien encarna a una escritora emocionalmente devastada que empieza a sospechar que su nuevo vecino —un magnate inmobiliario venido a menos— podr�a ser un asesino. El relato se sostiene sobre la fragilidad extrema del personaje de Danes, Aggie Wiggs, una exestrella literaria premiada con el Pulitzer que, al inicio, aparece como un despojo: su aspecto demacrado y la casa en ruinas donde vive funcionan como proyecci�n de una mente rota. Su derrumbe se explica pronto: perdi� a su hijo en un accidente automovil�stico mientras ella conduc�a, su matrimonio se desplom� y su incapacidad para lidiar con el trauma la llev� a hostigar al presunto culpable del choque, al punto de recibir una orden de restricci�n. Desde entonces, su vida y su creatividad quedaron paralizadas; su nuevo libro —si es que existe— permanece en estado embrionario.

El relato se dispara cuando Aggie cruza camino con su vecino, Nile Jarvis, interpretado por un Matthew Rhys (The�Americans) deliciosamente odioso y por momentos aterrador. Jarvis, empresario c�lebre retirado a la vida rural tras la misteriosa desaparici�n de su esposa, fascina e intimida a partes iguales. �Se suicid�, como �l sostiene? �O est� �l detr�s de su muerte? La serie multiplica la ambig�edad con escenas que exhiben su impulso de control —como cuando destruye el celular de dos mujeres que lo fotograf�an— y con la relaci�n seductora, tensa y caprichosa que entabla con Aggie, a quien incita a escribir sobre �l. A medida que la escritora se adentra en su historia, la narraci�n reconstruye una genealog�a de violencia: un padre patriarcal (Jonathan Banks) que educ� a golpes y un imperio inmobiliario bajo presi�n por un megaproyecto que amenaza con colapsar.

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El eje dram�tico permanece fijado en un doble interrogante: �es Nile un asesino? y �hasta qu� punto Aggie es vulnerable a su influencia? En este juego de manipulaci�n, la serie insin�a que tambi�n ella alberga impulsos oscuros, especialmente visibles en sus intercambios con su exesposa Shelley. Sin embargo, esta veta psicol�gica se diluye entre m�ltiples subtramas que el guion va sumando y que terminan conformando un entramado con m�s vueltas que una guirnalda.

Aunque�La bestia en m� ofrece momentos de aut�ntico v�rtigo —como un arriesgado episodio en una obra en construcci�n—, no siempre logra mantener la tensi�n. Escenas que deber�an ser electrizantes, como un allanamiento nocturno o la irrupci�n del obsesivo agente del FBI que investiga a Jarvis, se sienten desinfladas. Varios personajes secundarios quedan poco desarrollados —la nueva esposa de Nile, el t�o criminal que lo vigila— y la verosimilitud se resiente conforme avanza la trama, sobre todo por la llamativa ausencia de presi�n medi�tica y por algunas revelaciones vinculadas a un agente del FBI sorprendentemente inepto. Aun as�, el conjunto se sostiene como un entretenimiento s�lido gracias a la quimica que atraviesa la relaci�n entre los protagonistas, la calidad de las actuaciones y un nivel de producci�n elevado que explota las luces y sombras de Nueva York.

Recomendada.

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2. Miniserie para ver en Flow: Yiya

Esta miniserie en 5 breves episodios toma un caso policial —el de Mar�a de las Mercedes Bernardina de las Mercedes «Yiya» Murano, acusada de envenenar a tres mujeres en 1979— y lo convierte en un retrato psicol�gico, social y ligeramente teatral de un personaje que hace de la farsa, la impostura y la sofisticaci�n peligrosa un modo de estar en el mundo. El relato intenta un tono elegante, enrarecido y ocasionalmente ir�nico, combinando reconstrucci�n hist�rica, drama de personajes y un preciso estudio del artificio como estrategia de supervivencia.

En el centro est� Yiya (Julieta Zylberberg), una mujer que mezcla encanto t�xico, manipulaci�n silenciosa y un narcisismo casi juguet�n. La serie no solo la exhibe como una presunta asesina que convierte el veneno en extensi�n de su palabra, sino tambi�n como hija dilecta de una clase media en decadencia que se aferra a las apariencias como si fueran un patrimonio cultural. Su carisma, por supuesto, es su arma preferida: seduce, calma, enga�a y, llegado el caso, liquida. El guion se encarga de mostrar c�mo su versatilidad —maternal, fr�vola, minuciosamente calculadora— impide encasillarla como monstruo sin matices; m�s bien, sigue la pista de sus m�scaras con devoci�n casi antropol�gica.

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Para ello, el guion de Marco Carnevale introduce a un periodista (Pablo Rago) que investiga, comenta e interpela a una Yiya anciana (Cristina Banegas) en el geri�trico donde pasa sus �ltimos d�as, en un intento por desentra�ar los enigmas de una mujer que hasta el final insiste en declararse inocente.

A su alrededor orbitan sus v�ctimas, retratadas con cuidado para esquivar simplificaciones. Interpretadas por Cecilia Dopazo, M�nica Anton�pulos y Laura Novoa, estas mujeres aparecen no solo como figuras vulneradas, sino tambi�n como personas atrapadas en redes de confianza que Yiya maniobra con precisi�n quir�rgica. Cada una mantiene con ella un v�nculo distinto —familiar, afectivo, econ�mico— y la serie reconstruye esas relaciones para subrayar que el crimen no nace del impulso, sino de una coreograf�a ensayada con dedicaci�n. La cercan�a de Yiya con los militares y la ambientaci�n setentista —caf�s ahumados, departamentos angostos con mobiliario marr�n, una Buenos Aires gris y claustrof�bica— refuerzan la impresi�n de un mundo cerrado, donde el veneno circula con la misma discreci�n que los chismes.

El periodista funciona como la br�jula moral del relato: representa la mirada del orden social que intenta descifrar a esta mujer escurridiza. No es polic�a ni detective, pero termina arrastrado por el caso hasta convertirse en mediador entre la verdad y sus versiones. El escriba opera como contrapunto racional frente a la teatralidad de Yiya: articula sospechas, observa inconsistencias y expresa la incomodidad ante el magnetismo perturbador de la protagonista. Es la conciencia externa que gu�a al espectador entre la fascinaci�n y el rechazo, aunque su voz en�off, en ciertos momentos, insiste en explicar lo que las im�genes ya dejaron perfectamente claro, funcionando m�s como un yunque que como herramienta narrativa.

Lo mejor de�Yiya est� en su elenco. La direcci�n de Mariano Hueter intenta dotar de intensidad el relato mediante algunos planos inclinados que pretenden reflejar los estados internos de los personajes, aunque el experimento, como ciertos recursos teatrales mal traspuestos, no termina de cuajar. Algo huele a naftalina en la producci�n, como si se tratara de una miniserie perdida de los a�os 80. Y no, no son solo las chalinas que tantas codician…

3. Miniserie para ver en Netflix: 50 segundos: El caso Fernando B�ez Sosa

Este documental reconstruye con notable claridad narrativa uno de los cr�menes m�s perturbadores de la Argentina reciente. El t�tulo alude a los escasos cincuenta segundos en los que un ataque de un grupo de�rugbiers termin� con la vida de Fernando, un joven de 18 a�os que veraneaba con amigos en Villa Gesell. Esa brevedad, reiterada como un�leitmotiv�a trav�s de videos filmados en el lugar, funciona como un dispositivo dram�tico: un lapso m�nimo que, como recuerda uno de los entrevistados, «cambi� para siempre la vida de todos». A partir de ese instante, la serie expande su foco hacia un an�lisis m�s amplio sobre la violencia, ciertas formas de masculinidad y la responsabilidad colectiva.

El relato se organiza en dos ejes: por un lado, la reconstrucci�n minuciosa de los hechos mediante c�maras de seguridad, audios y registros visuales telef�nicos; por otro, las voces de quienes estuvieron cerca de Fernando o del proceso judicial. La madre del joven brinda uno de los testimonios m�s conmovedores al recordar c�mo recibi� la noticia, mientras que un testigo directo revela que «al principio nadie entend�a la gravedad» del ataque. El montaje articula estas voces como capas que profundizan la comprensi�n factual y emocional del caso, y cada episodio habilita un �ngulo distinto —la noche del crimen, la investigaci�n, el juicio— para observar el mismo hecho desde m�ltiples perspectivas.

En t�rminos formales, la serie adopta un enfoque austero. Evita el sensacionalismo y prescinde de dramatizaciones excesivas: las entrevistas, iluminadas con sobriedad, permiten que el dolor se exprese sin artificios. En una intervenci�n clave, un perito describe el ataque como un «patr�n de agresi�n continuada» evidente en las im�genes; la miniserie complementa esas explicaciones con esquemas visuales y ralentizaciones que facilitan la comprensi�n sin convertir la violencia en espect�culo.

El guion de Tatiana Mere�uk, Mariel Bobillo y Juli�n Troksberg sit�a el caso en un marco sociocultural m�s amplio. Un especialista en violencia juvenil advierte que «no se trata solo de una pelea desmadrada, sino de un modo de actuar que se replica en ciertos grupos», mientras que otro entrevistado reflexiona sobre c�mo la noci�n de «manada» contin�a funcionando como refugio identitario que desplaza la responsabilidad individual. Sin clausurar sentidos, la serie sugiere que el crimen revela tensiones estructurales ligadas a la pertenencia, la impunidad percibida y las din�micas grupales, aunque no profundiza en taras como el racismo y el clasismo presentes en algunos sectores de la sociedad.

Como obra audiovisual, el director Mart�n Rocca consigue un equilibrio certero entre informaci�n, emoci�n y reflexi�n. El eje argumental —la b�squeda de verdad, justicia y comprensi�n a partir de un acto brutal condensado en menos de un minuto— se sostiene gracias a un trabajo respetuoso y minucioso. No se priva de darle voz a familiares de los victimarios que deslizan comentarios urticantes. Y, sin m�s lejos, el tercer episodio introduce una nota disonante al otorgar la palabra a los asesinos, hoy detenidos, que se muestran profundamente arrepentidos y acongojados… quiz�s con la expectativa de que una futura apelaci�n de sus abogados derive en una reducci�n de una pena que, tal como est� planteada, resulta justa y ejemplificadora. Para debatir en familia.

Recomendada.

4. Pel�cula para ver en Prime Video: Bel�n

Este drama dirigido por Dolores Fonzi parte de un hecho real ocurrido en Tucum�n en 2014: una joven ingresa al hospital con fuertes dolores abdominales y, en lugar de recibir atenci�n m�dica, el personal denuncia la situaci�n a la polic�a. Sin saber que estaba embarazada, la paciente —identificada como Bel�n para resguardar su identidad— hab�a sufrido una p�rdida. El sistema, lejos de protegerla, la acusa de homicidio y de haberse provocado un aborto, delito a�n vigente en la Argentina de aquel momento. A partir de este caso, la pel�cula se articula como un alegato contra la criminalizaci�n de las mujeres en situaciones de emergencia m�dica y vulnerabilidad extrema.

El film muestra c�mo Bel�n despierta esposada a una cama, rodeada de polic�as, convertida de manera inmediata en sospechosa. Basada en el libro Somos Bel�n de Ana Correa, Fonzi —directora y coguionista— reconstruye el proceso judicial con un realismo minucioso. La defensora p�blica asignada (Julieta Cardinali) act�a con apat�a y busca cerrar el expediente con rapidez, lo que deriva en una condena de ocho a�os de prisi�n para la acusada, que ya se encuentra detenida de manera preventiva. El tratamiento inicial del caso evidencia un sistema judicial patriarcal dispuesto a sacrificar la verdad en favor de un orden moral profundamente mis�gino y cat�lico.

El punto de inflexi�n llega con la intervenci�n de la abogada feminista Soledad Deza —interpretada por la propia Fonzi con notable intensidad—, quien descubre en el expediente un ejemplo paradigm�tico de c�mo el aparato jur�dico y m�dico, marcado por l�gicas conservadoras y clericales, transforma a una v�ctima en victimaria para sostener una ideolog�a. A medida que Deza adquiere centralidad narrativa, la pel�cula muestra c�mo articula redes de apoyo con activistas, organizaciones sociales y colectivos de derechos humanos para desmantelar la maquinaria judicial que intenta aplastar a Bel�n.

La puesta en escena refuerza el car�cter opresivo del sistema: colores apagados, iluminaci�n mortecina y espacios cerrados subrayan la angustia de una protagonista que, pese a convertirse en s�mbolo, conserva siempre su dimensi�n �ntima y humana. Camila Plaate ofrece una interpretaci�n briosa, marcada por la impotencia y el desconcierto de un personaje que es tratado como culpable desde el primer momento, incluso sin pruebas concluyentes. Su historia opera como met�fora de un fen�meno extendido: la persecuci�n de mujeres por emergencias obst�tricas se repite en pa�ses tan diversos como Ecuador, Estados Unidos, Irlanda o Polonia.

El film no aburre con derivaciones innecesarias, el ritmo es sumamente �gil y cuenta su historia de manera s�lida y eficaz —aunque es menos creativo que�Blondi, el debut detr�s de c�mara de Fonzi— y combina la denuncia con un mensaje de resistencia y movilizaci�n que resulta profundamente emotivo. (La pel�cula fue preseleccionada para representar a la Argentina en los premios Oscar y cuenta con el aval de Margaret Atwood, autora de El cuento de la criada).

Recomendada.

5. Miniserie para ver en HBO Max: George Harrison: Viviendo en el mundo material.

Martin Scorsese aborda la figura de George Harrison con una mezcla de devoci�n cin�fila y lucidez hist�rica, componiendo un documental que funciona tanto como retrato �ntimo de un artista elusivo como una exploraci�n espiritual sobre la b�squeda de sentido en un mundo gobernado por la fama, el dinero y el desgaste emocional. A diferencia de otros documentales sobre miembros de los Beatles, Scorsese no se interesa en la cronolog�a exhaustiva sino en las fuerzas internas que moldearon a Harrison: la tensi�n entre lo terrenal y lo trascendente, entre la exposici�n p�blica y el deseo de anonimato, entre la creatividad y la disoluci�n personal.

Uno de los puntos m�s fuertes del audiovisual es la riqueza del material de archivo, desplegada con la precisi�n narrativa habitual de Scorsese. Fotograf�as in�ditas, grabaciones caseras, audios poco conocidos y registros de estudio conviven con recuerdos de Olivia Harrison, Paul McCartney, Ringo Starr, Eric Clapton y Phil Spector. Estas voces revelan no s�lo la evoluci�n musical de Harrison, sino tambi�n su car�cter: su humor seco, su vulnerabilidad, sus impulsos m�sticos y su necesidad casi desesperada de escapar de las estructuras que los Beatles impon�an. El documental destaca, adem�s, la enorme sofisticaci�n de su trabajo temprano —en especial su rol como arquitecto sonoro del grupo— y su explosi�n creativa en�All Things Must Pass.

Sin embargo, Scorsese no esquiva las zonas oscuras. Se adentra en la frialdad afectiva que a veces pod�a dominar a Harrison, su infidelidad, los conflictos matrimoniales, la dependencia de diversas sustancias y la dificultad para habitar una identidad propia m�s all� del mito Beatle. Tambi�n aborda momentos traum�ticos, como el violento ataque que sufri� en su casa en 1999, incorporado con una sensibilidad que evita el morbo y subraya la fragilidad f�sica y emocional en la �ltima etapa de su vida.

Scorsese, obsesionado desde siempre por personajes divididos entre el impulso espiritual y las fuerzas destructivas de la fama, monta la pel�cula como un viaje interior: cap�tulos largos, ritmo meditativo, im�genes que se diluyen como recuerdos y una banda sonora que acompasa la evoluci�n del m�sico desde la adolescencia hasta su muerte. A la vez, se percibe la mano del documentalista disciplinado: un orden narrativo di�fano, una interrelaci�n constante entre testimonio, an�lisis y contemplaci�n visual.

Living in the Material World -con sus dos episodios- se impone como una obra compleja, po�tica, afectuosa pero no santificadora. Scorsese consigue algo raro: convertir la vida de un �dolo mundial en una reflexi�n sobre la impermanencia, sobre la paradoja de buscar sentido en un universo saturado de ruido, y sobre el costo �ntimo de ser —para millones— la encarnaci�n de una utop�a cultural.

Imperdible.



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