Noti-Economia

Noticias de economía

Descubre las 5 series y películas que conquistarán tu fin de semana: estrenos imperdibles en Netflix, HBO Max y Prime Video

Una selección especial con las mejores series y películas, que incluye también estrenos en salas de cine.

Estas son las series y películas para ver en el fin de semana en Netflix, HBO Max, Prime Video y YouTube.

1. Serie para ver en Prime Video: Barrabrava



La segunda temporada de Barrabrava confirma que la serie encontró un territorio propio dentro del policial, donde el fútbol apenas funciona como la superficie visible de algo mucho más oscuro. La barra brava aparece aquí como una maquinaria política, tribal y emocional; un ecosistema donde la violencia no es solamente física, sino también afectiva. Los nuevos episodios abandonan cualquier tentación romántica alrededor del folklore futbolero y convierten a las tribunas, pasillos de estadios y barrios populares en escenarios de desgaste psicológico permanente. De este modo, la producción se vuelve más áspera, agobiante y auténtica.

Uno de los mayores aciertos de esta entrega está en el desplazamiento del conflicto hacia la relación entre César y el Polaco. La lucha por el control de la barra deja de ser meramente una disputa criminal para transformarse en una tragedia familiar marcada por resentimientos acumulados, frustraciones y la dependencia emocional. Gastón Pauls construye un César impredecible y corroído por su propia necesidad de dominio, mientras Matías Mayer convierte al Polaco en un líder acabado que carga con el peso de un sistema ingobernable. La química entre ambos actores sostiene la tensión dramática, logrando que cada conversación oscile entre la confesión íntima y el estallido brutal.

Star Wars en su propio laberinto

Entre las novedades más interesantes aparece la ampliación del costado político del relato. La temporada profundiza en cómo las barras funcionan en complicidad con el poder, exponiendo las contradicciones de una dirigencia que necesita de esa violencia mientras públicamente la condena. Allí, la serie adquiere un espesor ideológico inesperado al mostrar una Argentina donde la marginalidad es utilizada como combustible institucional. Al incorporar revelaciones familiares y desplazamientos narrativos, el eje del conflicto pasa de las guerras internas a una sensación de asedio total, ganando dimensión social sin abandonar nunca su característico tono claustrofóbico.



En términos de producción, la calidad visual continúa siendo uno de los puntos más sólidos a través de una estética rugosa, nocturna y sofocante que evita el embellecimiento turístico (habiendo sido filmada en Uruguay). Aunque en ciertos tramos cae en repeticiones estructurales donde las traiciones empiezan a parecer variaciones de un mismo círculo tóxico, la entrega logra consolidarse como una propuesta incómoda y de una violencia feroz. Al retratar hombres atrapados en un modelo de masculinidad donde la debilidad equivale a desaparecer, estos ocho episodios terminan siendo una radiografía amarga sobre el poder, la identidad y la imposibilidad de escapar de estructuras que destruyen incluso a quienes creen dominarlas.

Muy recomendada.

Qué ver en streaming este fin de semana: un thriller británico inquietante, terror sobrenatural y una joya muda del cine europeo

2. Miniserie para ver en HBO Max: Medio hombre



Medio hombre irrumpe como una de las miniseries británicas más perturbadoras y emocionalmente devastadoras de los últimos años. Creada, escrita y protagonizada por Richard Gadd después del fenómeno de Bebé Reno, la serie profundiza muchas de las obsesiones de aquella miniserie, aunque abandona casi por completo el humor incómodo para sumergirse en un territorio cercano al horror psicológico y al melodrama trágico. El antecedente más evidente es el realismo emocional extremo del cine social británico, desde los films de directores tales como Alan Clarke y Andrea Arnold, pero también aparecen ecos de tragedias masculinas contemporáneas como las narradas en la miniserie Adolescencia, en su retrato de hombres destruidos por modelos de violencia heredada. Gadd vuelve a explorar el trauma como una infección emocional que pasa de generación en generación, sólo que aquí lo hace con una intensidad mucho más sombría.

El argumento gira alrededor de Niall y Ruben, dos jóvenes unidos por la relación lésbica entre sus madres en la Escocia de los años ochenta. Lo que comienza como una convivencia incómoda entre un adolescente introvertido y un muchacho agresivo recién salido de un correccional, deriva en una relación de dependencia emocional profundamente tóxica. La serie alterna constantemente entre pasado y presente: mientras Niall se prepara para casarse con el pobre Alby, la irrupción inesperada de Ruben durante la boda reabre heridas que nunca cicatrizaron. Desde esa premisa, Medio hombre construye un relato donde el suspenso no proviene solamente de qué ocurrió entre ellos, sino de comprender cómo el amor, la humillación, el miedo y el deseo terminaron fusionándose hasta volverse indistinguibles.

Netflix alcanza 250 millones de espectadores con publicidad y acelera su negocio de anuncios

Uno de los grandes temas de la serie es la toxicidad masculina entendida como estructura social antes que como simple rasgo individual. Ruben encarna un modelo de masculinidad basado en la intimidación permanente, la violencia física y el control emocional. Pero la serie evita reducirlo a un monstruo unidimensional: detrás de sus explosiones aparecen rastros de abandono, abuso y una incapacidad absoluta para procesar afectos sin convertirlos en agresión. Gadd construye así un personaje aterrador precisamente porque parece incapaz de existir fuera del conflicto. Cada gesto de cercanía contiene una amenaza latente. La serie sugiere que la violencia masculina no surge de la nada, sino de generaciones enteras educadas para reprimir fragilidad, ternura o vulnerabilidad. Los hombres de Half Man no saben hablar; sólo saben dominar, manipular o destruir.



La homofobia internalizada aparece entonces como el núcleo trágico de Niall. Su conflicto no se limita al miedo al rechazo social de aceptar su deseo homosexual, sino a la imposibilidad de separar amor de sometimiento. Ruben se convierte simultáneamente en protector, agresor, objeto de deseo y figura de autoridad emocional. Esa confusión afectiva es el corazón más inquietante de la serie. Algunas escenas sexuales están filmadas con una ambigüedad deliberadamente incómoda, donde deseo, coerción y violencia conviven en el mismo espacio emocional. Jamie Bell (aquel niño de Billy Elliot, cada vez más parecido a Rita Tushingam) interpreta a Niall con una tristeza casi fantasmal: un hombre que pasó décadas intentando construir una identidad estable mientras sigue atrapado psicológicamente dentro de aquella adolescencia traumática. La serie trabaja muy bien cómo la homofobia que impera en la sociedad termina siendo absorbida por el propio sujeto, transformándose en culpa, vergüenza y autodestrucción.

Entre los mayores logros de Medio hombre sobresalen las actuaciones extraordinarias de Richard Gadd y Jamie Bell, la densidad psicológica de los personajes y una puesta en escena erizada de tensión. La cámara convierte miradas, silencios y respiraciones en mecanismos de amenaza constante. Además, la serie evita glamorizar la violencia: cada golpe deja heridas emocionales visibles. Sin embargo, el guion no está exento de defectos. Algunos personajes femeninos quedan demasiado esquemáticos y ciertos monólogos poseen una teatralidad excesiva que interrumpe el naturalismo general. También existen tramos donde el sufrimiento acumulado amenaza con saturar dramáticamente al espectador. Pero incluso en esos excesos, Half Man conserva una fuerza singular. Más que una miniserie sobre el abuso o la identidad sexual, termina siendo una dolorosa autopsia de hombres incapaces de imaginar otra forma de existir que no sea a través del miedo, la dominación y la dependencia emocional. (6 episodios de una hora)

Muy recomendada.



3. Serie para ver en Netflix: Carísima

Esta delirante creación de Julián Kartun funciona como una cápsula de ansiedad digital que toma al personaje de Caro Pardíaco, nacido en el streaming y los sketches online, para trasladarlo a una ficción episódica que mezcla sátira, comedia incómoda y thriller psicológico. Sus diez episodios de poco más de diez minutos parecen editados con la velocidad mental del scroll infinito; no buscan desarrollar una narrativa clásica, sino reproducir la sensación contemporánea de vivir atrapado dentro de una pantalla donde todo, incluido el derrumbe emocional, debe convertirse en espectáculo. El argumento sigue a Caro, influencer y empresaria dueña de discotecas, mientras atraviesa una crisis personal a días de cumplir treinta años y organiza una fiesta monumental para sostener su identidad. Sin embargo, la aparición de Leo —un personaje seductor, ambiguo e impredecible interpretado por Alex Pelao— altera este equilibrio artificial e introduce una dimensión paranoica que explora la fragilidad de las identidades digitales y la incómoda pregunta de qué queda de una persona cuando toda su personalidad depende de la validación ajena.

Julián Kartun sostiene la propuesta gracias a un trabajo muy preciso que dota a Caro de vulnerabilidad, inseguridad y una desesperación silenciosa detrás de su pose glamorosa. A su alrededor orbita un elenco secundario enriquecido por cameos y participaciones muy ligadas a la cultura pop y digital contemporánea, como Malena Pichot, Darío Sztajnszrajber, Migue Granados, Leo García, Jimena Accardi, Gastón Pauls y Evitta Luna. Estos nombres configuran una especie de Buenos Aires hiperperformática y ligeramente lunática donde conviven intelectuales, streamers y celebridades. Más que simples apariciones decorativas, estos cameos funcionan como guiños críticos sobre el propio ecosistema mediático que la serie parodia.



La estética y la puesta en escena, a cargo de los directores Nano Garay Santaló y Federico Suárez, logran que la serie no solo hable sobre internet, sino que respire como internet a través de una cámara nerviosa, diálogos acelerados y encuadres que recuerdan a reels o videollamadas. En esta Buenos Aires transformada en una vidriera nocturna saturada de luces y ansiedad aspiracional no existe la intimidad real, y hasta las crisis poseen la textura de contenido listo para viralizarse. Moviéndose entre la sátira generacional, el absurdo y la comedia de neurosis contemporánea —con ecos que van desde Todo por dos pesosPeter Capusotto hasta el vacío existencial moderno—, la producción termina siendo una pequeña pesadilla pop sobre el miedo al silencio y las identidades construidas a fuerza de “me gusta”.

Recomendada.

4. Película para ver en Netflix: Mi nombre es Agneta



Esta película retoma una tradición muy reconocible del cine europeo al narrar la historia de Agneta, una sueca de 49 años que abandona su anestesiada e invisible rutina matrimonial para reconstruirse emocionalmente en el extranjero. El conflicto estalla cuando decide aceptar un trabajo en la Provenza esperando una fantasía turística de libertad y descubre que, en realidad, fue contratada para cuidar a Einar, un excéntrico anciano gay con demencia. A partir de allí, el relato desplaza el choque cultural inicial hacia un proceso de redescubrimiento personal y conexión afectiva entre dos seres desplazados; sin embargo, el film nunca logra escapar completamente de una fórmula previsible, donde todo es subrayado en exceso por los diálogos y las canciones.

La comparación con la emblemática Yo amo a Shirley Valentine (Lewis Gilbert, 1989) resulta inevitable y expone las limitaciones de esta propuesta, ya que mientras aquella convertía el despertar tardío en una experiencia profundamente melancólica e irónica, aquí todo permanece en una zona amable, ligera y empalagosa. Agneta atraviesa una crisis existencial real, pero la narrativa suaviza constantemente los conflictos para no incomodar al espectador, resolviendo la desorientación desde una ternura casi publicitaria. Al carecer de la lucidez amarga de su referente, este viaje interior sobre una mujer que recupera el derecho a desear otra vida aparece empaquetado dentro de una estructura cómoda, más cercana al turismo de postal que a la verdadera hondura emocional.

El largometraje se sostiene en gran parte gracias a Eva Melander, quien ofrece una interpretación explosiva y vulnerable que transmite un gran cansancio existencial. Por su parte, Claes Månsson aporta humanidad a Einar, logrando que los mejores momentos surjan cuando la trama abandona los equívocos culturales para concentrarse en la soledad compartida de dos personas que ya no encajan en el mundo. Visualmente, la Provenza está filmada con una calidez luminosa de tonos dorados que contrasta con la frialdad gris de Suecia, acompañada por una banda sonora que incluye a ABBA, Eartha Kitt y Charles Aznavour. Aunque previsible y menos incisiva que su clásico referente, la película conserva una cualidad acogedora y reconfortante que logra hacer sentir que todavía es posible volver a empezar.



Recomendada.

5. Película para ver en YouTube: El pisito

El pisito (1959) es una de las cumbres incontestables del cine español, una obra maestra nacida de la dirección del italiano Marco Ferreri y el genio literario del guionista Rafael Azcona. Estrenada en un momento de asfixia cultural y económica, la película desmonta con una lucidez implacable las promesas de prosperidad de la dictadura franquista, utilizando el humor no como un escape, sino como un bisturí para diseccionar la miseria moral y material de una época. Su argumento se sitúa en el Madrid de finales de los años cincuenta, una ciudad golpeada por una crisis de vivienda brutal. La trama sigue a Rodolfo (José Luis López Vázquez) y Petrita (Mary Carrillo), una pareja que lleva doce años de noviazgo y que, ante la imposibilidad de casarse por no encontrar un piso pagadero, urde un plan siniestro pero legal: Rodolfo debe contraer matrimonio con Doña Martina, la anciana casera del piso donde él vive subalquilando, para heredar el derecho al alquiler-monopolio cuando ella muera, desatando una historia que avanza entre el patetismo de la espera del deceso y la ironía de ver cómo la salud de la anciana parece mejorar tras la boda.



El encuentro entre Marco Ferreri y Rafael Azcona supuso un hito fundacional para el cine moderno en España, pues el director italiano aportaba la mirada distanciada, cruda y observacional del neorrealismo de postguerra, mientras que el guionista español ponía el pulso del costumbrismo ibérico, una tremenda agudeza para el diálogo y un pesimismo existencial arraigado en la tradición que va de la picaresca a Valle-Inclán. Esta colaboración demostró que la comedia podía convertirse en el vehículo más devastador para la crítica social, resignificando el cine de la época al visibilizar que el verdadero horror no requería de monstruos, sino de la burocracia y la desesperación cotidiana. De esta genial unión brota un tipo de humor adscrito al esperpento y al humor negro más corrosivo, el cual no busca la carcajada complaciente del espectador, sino una sonrisa helada nacida de la más profunda incomodidad.

Esta particular comedia de la crueldad sitúa a los personajes en una posición donde se ven empujados a desear la muerte de un semejante por pura supervivencia material. La maestría del guion radica en que Petrita y Rodolfo no son retratados como monstruos codiciosos, sino como personas corrientes y «buenas» que han sido deshumanizadas por la miseria circundante, transitando de este modo la delgada línea entre la tragedia cotidiana y la farsa absurda, un tono que adelantaría las bases de lo que años más tarde Luis García Berlanga consagraría en El verdugo. Dentro del contexto del cine español de los años cincuenta, fuertemente dominado por el melodrama folclórico oficialista o las comedias blancas de evasión, El pisito supuso una bofetada de realidad que rompió de golpe con la censura del régimen al retratar un Madrid gris, superpoblado, miserable y completamente alejado de los delirios de grandeza del franquismo.

Junto con las primeras obras de Berlanga y Juan Antonio Bardem, la película inauguró una modernidad cinematográfica basada en la autocrítica y el realismo sucio, dejando una huella imborrable que influenciaría a generaciones de cineastas, desde Carlos Saura hasta el cine de la Transición. A nivel doméstico, la producción sufrió los embates de la censura, que obligó a suavizar algunos diálogos, y se topó con una fría acogida inicial por parte del público masivo, que se resistía a ver sus propias penurias reflejadas en la pantalla. Sin embargo, el circuito internacional supo apreciar de inmediato su inmenso valor, consolidando la reputación de Ferreri y sirviendo de carta de presentación para el talento de Azcona en Europa, donde el neorrealismo descarnado y la originalidad de su propuesta humorística llamaron poderosamente la atención de la crítica francesa e italiana. Con los años, este reconocimiento convirtió a la película en una obra de culto internacional y en el testimonio definitivo de un cine español periférico, disidente y brillante.



Imperdible.

Logo de Google

Seguí a El Economista en Google
Agreganos a tus medios preferidos.

+ Agregar




Ver fuente