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Noti- Economia: La guerra con Irán ha cambiado las reglas del juego en el petróleo

El conflicto en Irán no solo ha disparado los precios del crudo en los mercados de futuros. Lo verdaderamente revelador es lo que está ocurriendo en un terreno menos visible pero mucho más determinante: el mercado físico del petróleo, donde se negocian barriles reales, con destino y fecha de entrega. Y ahí, la situación es extrema.

El Dated Brent marca territorio inexplorado

El Dated Brent —la referencia que fija el precio de la mayor parte del petróleo físico que se comercia en el mundo— alcanzó los 144,42 dólares por barril a principios de abril, según datos de Platts (S&P Global Energy), un nivel nunca antes registrado. Días antes, este mismo indicador ya había superado los 141 dólares, marcando su cota más alta desde 2008.

Lo más significativo no es solo el precio en sí, sino lo que sucede debajo: en la ventana de fijación de precios que alimenta el Dated Brent se registraron 12 ofertas consecutivas sin respuesta por cargamentos de crudo. Es decir, hay compradores dispuestos a pagar, pero no encuentran barriles disponibles. Esa desconexión entre papel y realidad física es la señal de alarma más clara de que el mercado está al límite.

La brecha entre futuros y físico: una prima histórica

Lo habitual es que el precio del petróleo en los mercados de futuros y el del mercado físico se muevan de forma relativamente coordinada. Pero la guerra ha roto esa sincronía. Mientras los futuros del Brent oscilan en torno a los 95-98 dólares por barril, el Dated Brent ha superado los 140. Esa diferencia —la «prima» del mercado físico— refleja una escasez real de crudo disponible para entrega inmediata que no tiene precedentes recientes.

El centro de gravedad del mercado petrolero se ha desplazado. Ya no mandan los algoritmos ni las apuestas especulativas de los fondos en los futuros. Manda quién tiene barriles, dónde están y si pueden llegar a su destino.

Ormuz: el cuello de botella que lo explica todo

El estrecho de Ormuz permanece efectivamente cerrado, con Teherán exigiendo aprobación militar para el paso de buques. Por ese corredor transita aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo y cerca de una quinta parte del consumo global.

El tránsito se redujo drásticamente por el riesgo de ataques contra buques petroleros y las dificultades para contratar seguros marítimos que cubran riesgos de guerra. Sin seguros, no hay barcos. Sin barcos, no hay crudo. Es así de simple.

Durante los primeros días del conflicto, cerca del 20 % del suministro mundial quedó interrumpido, una proporción que supera ampliamente el récord previo registrado durante la crisis de Suez de 1956-1957, según Rapidan Energy.

¿Por qué esta crisis es diferente?

En crisis petroleras anteriores —el embargo de 1973, la Guerra del Golfo de 1990— existía un colchón: Arabia Saudita y otros productores del Golfo mantenían millones de barriles diarios de capacidad ociosa que podían activar rápidamente para estabilizar precios.

El escenario actual es radicalmente distinto. La zona afectada por la guerra incluye precisamente a los países que concentraban esa capacidad de reserva, lo que elimina el mecanismo tradicional que históricamente contenía las subidas de precios. Además, los ataques a instalaciones saudíes han reducido la capacidad de producción y recortado el flujo en el oleoducto Este-Oeste, la ruta alternativa al estrecho.

¿Qué nos dice el mercado físico que los futuros no cuentan?

Los futuros del petróleo son contratos financieros. Reflejan expectativas. El mercado físico, en cambio, refleja realidad: barriles disponibles hoy, refinadores que necesitan crudo esta semana, buques que no pueden zarpar. Cuando la prima del físico sobre los futuros se dispara hasta niveles históricos, el mensaje es inequívoco: la oferta real está mucho más tensa de lo que sugieren las pantallas de trading.

Para los inversores y analistas que siguen los futuros como guía, esta divergencia debería ser una llamada de atención. El mercado de papel puede corregir en cuestión de horas por un tuit o un rumor de alto el fuego. Pero la escasez física no se resuelve con diplomacia rápida. Como advirtió Simon Flowers de Wood Mackenzie, incluso cuando el conflicto termine, poner en marcha la cadena de suministro no será un proceso rápido.

La cuenta atrás ya ha comenzado

Rapidan Energy estima que la demanda mundial, de unos 105 millones de barriles diarios, tendría que reducirse significativamente para restablecer el equilibrio si la interrupción persiste, con precios que podrían sostenerse cerca de los 150 dólares por barril.

Mientras tanto, los efectos colaterales ya se extienden más allá del crudo: el aluminio, el acero, los fertilizantes y el gas natural también sufren una escasez severa vinculada al cierre de las rutas del Golfo. Las cadenas de suministro globales que dependen de ese corredor de 54 kilómetros junto a Irán están mostrando una vulnerabilidad que pocos habían calibrado.

El mercado físico del petróleo está gritando lo que los futuros aún susurran. Y en esta guerra, los barriles reales son los que tienen la última palabra.

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